¿Por qué encubren y distorsionan el origen del problema; a quiénes encubren; quiénes se beneficien con esa posición; a quiénes perjudican?
“Cuando hablan de corrupción, ¿por qué no azotan a los mercaderes del templo como hizo el Maestro?”, se pregunta la dirigente del Frente Amplio.
Las reflexiones aparecen en un mensaje enviado por Virtudes Álvarez con motivo del Día de Nuestra Señora de la Altagracia, protectora del pueblo dominicano.
El mensaje es el siguiente
Virgencita de Altagracia, Protégenos!
Por Virtudes Alvarez.
La Conferencia del Episcopado Dominicano, en su Carta Pastoral, en ocasión de la celebración de este “Día de la Altagracia”, señala una parte de los problemas que afectan a la sociedad dominicana, tienen sus raíces fundamentales en la crisis de la familia.
Estas conclusiones nos remiten entre otras propuestas teóricas a las planteadas por Federico Engels, en “El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado”, (1884).
Ante el tema planteado hay dos opciones: la sociedad está en crisis porque la familia tiene crisis; o inverso, la familia está en crisis porque la sociedad capitalista está en crisis.
Son dos enfoques clasistas y la jerarquía católica lo sabe. No se trata de que desconozcan metodologías y herramientas de análisis de la sociedad. Claro que no!
Ocurre que con esa posición, encubren el fondo del debate y en consecuencia se protege a sus responsables que tienen nombre y apellido, son beneficiarios de los males enumerados, y cotizan a la iglesia.
Nuestros obispos, otra vez ¡cogen piedras para los más chiquitos! Según ellos la crisis de la familia es raíz fundamental de la “violencia intrafamiliar, feminicidios y suicidios causando orfandad y traumas en los hijos; aumenta el número de separaciones y divorcios, del sufrimiento producido por la violencia, homicidios, delincuencia juvenil, atracos, engaños, celos, infidelidades, injusticia social, desenfreno sexual, corrupción…”
Cuando se hacen cómplices de los responsables de esos y otros males ¿Dónde queda su compromiso con los principios del cristianismo; su opción por los pobres y los excluidos sociales (que ahora son los desnacionalizados, las mujeres golpeadas y obligadas a una maternidad indigna y pecaminosa; las víctimas de violencia sexual, por ejemplo de pedofilia, pederastia, incesto; los desempleados y expulsados de la justicia? Cuando hablan de corrupción, por qué no azotan a los mercaderes del templo como hizo el Maestro?
¿Por qué encubren y distorsionan el origen del problema; a quiénes encubren; quiénes se beneficien con esa posición; a quiénes perjudican?
¡Que la Virgencita de Altagracia, directamente y sin intermediarios, interceda por el pueblo dominicano, porque no creo que los obispos puedan!
Ante el avasallante poder de los responsables del desamparo social y deterioro progresivo de la vida y dignidad de millones de dominicanas y dominicanos, el prelado católico tomó partida y no precisamente por lo que habría hecho su Santo Hijo.
Virgen de Altagracia, en Vos confío!
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