Feix Bautista, dirigente del Partido de la liberacion
Dominicana.
El año 2013 fue el escenario en el que el senador Félix Bautista desplegó su capacidad histriónica. En defensa de su “honor”, sometió a los tribunales a presuntos difamadores, amenazó con lo mismo a potenciales y llegó a pedir, en pose heroica, que sus conmilitones del Congreso hurgaran en su meteórica e incalculable fortuna.
Un hecho le había dado alas. Horas antes de que abandonara el poder Leonel Fernández –de quien el senador es confeso idólatra—, Hotoniel Bonilla, a la sazón director de Persecución de la Corrupción Administrativa, archivó definitivamente el expediente por corrupción contra Bautista, en un acto de inocultable lealtad al líder de ambos.
Su coraza se endureció aún más en ese 2013 ya mencionado. Dos sentencias de la Suprema Corte de Justicia ratificaron el archivo del expediente, pese a la consistente oposición de la Procuraduría General de la República. Sonriente y despreocupado, Félix Bautista navegaba viento en popa en las aguas de la impunidad.
Pero, al parecer, sus hados vacacionan, y 2014 se abrió con una citación de la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa, sustituta de la DPCA, para ser interrogado como parte de una investigación que ya involucra a muchos.
¡Oh sorpresa! Bastó esta decisión del Ministerio Público para que Félix Bautista pasara de honesto incuestionable a perseguido político de su propio gobierno y, en esa calidad, a desobediente del reclamo de la autoridad.
La mutación es indigerible, por decir lo menos. Tiende más bien a confirmar que las aspaventosas autodefensas del senador se nutrían de cómplices apadrinamientos. ¿Cómo entender, sino, que se haya diluido tan de súbito su voluntad de ir “al lugar que sea, a la ahora que sea y donde sea” a defender su “honor”?
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